Se rompió otro molde en el sector marítimo. El Canal de Panamá, por donde cruza casi el 6% del comercio global, tendrá a una mujer en su dirección general. Ilya Espino de Marotta asume este desafío monumental.

Su llegada no es producto del azar político, sino del mérito técnico. El presidente panameño, José Raúl Mulino, confirmó su designación por siete años luego de que la junta directiva evaluara decenas de perfiles. La ingeniera lleva 35 años recorriendo las instalaciones de la vía interoceánica. Conoce el negocio desde adentro. De hecho, fue ella quien comandó la histórica ampliación del canal y que costó  $5.000 millones de dólares finalizada en 2016.

A finales de este año ocupará oficialmente la silla principal, y el panorama exige pulso firme. Espino de Marotta deberá administrar un ambicioso plan de inversiones de 8.500 millones de dólares para la próxima década. Su misión principal será adaptar la ruta a la crisis climática y la falta de agua, asegurando que el comercio internacional no se detenga.

Fiel a su estilo directo, sus primeras palabras apuntaron al crecimiento de los negocios: «La confiabilidad del Canal sigue. Pero hay que expandirse y buscar nuevas oportunidades». Su visión estratégica pasa por transformar a Panamá en un centro logístico mucho más avanzado.

El mundo marítimo siempre ha estado dominado por hombres en sus juntas directivas. Hoy, la conexión comercial entre América, Asia y Europa depende de una líder enfocada en la resiliencia corporativa y dispuesta a abrir camino.

Al reflexionar sobre lo que significa su nombramiento para otras profesionales, la ingeniera recordó sus días en la obra: “Pienso que la oportunidad que se me dio en su momento de liderar la ampliación del Canal de Panamá, me permitió resaltar algo que yo nunca había percibido y era el techo de cristal que tenemos las mujeres a veces en ámbitos no tradicionales. Así que la huella está trazada y esto es una continuidad de ese casco rosado que inició en el 2012”.

Su designación trasciende las aguas panameñas. En una industria global donde, según el censo de equidad más exhaustivo de la Organización Marítima Internacional (OMI), las mujeres ocupan apenas cerca del 20 % de los roles directivos o de autoridad, ver a una ingeniera al mando de esta ruta es un mensaje definitivo para las nuevas generaciones. Ese casco rosado ya no es solo un recuerdo de la obra; hoy es la prueba viva de que no hay océano ni industria, por tradicional que sea, donde el talento femenino no pueda destacarse.